Desde el 1 de enero de 2019, la protección social de los autónomos ha cambiado sustancialmente al ampliarse la cobertura de las contingencias profesionales con carácter universal para todo el colectivo. Esta ampliación de la protección social, ha hecho que comiencen a notarse las consecuencias en el impacto de esta medida, aumentando la calificación de los accidentes profesionales de los trabajadores y trabajadoras autónomos. No es que antes de la entrada en vigor de esta medida no se produjeran, pero al no cotizarse de forma significativa no existían estadísticas de la siniestrabilidad en el trabajo autónomo.

Los datos oficiales publicados sobre el primer trimestre de 2019, son realmente alarmantes, ya que se han producido 6.782 accidentes de trabajo, de los cuales 6.571 son catalogados como leves y 196 como graves. Entre ellos tan sólo se han reconocido 457 accidentes de trabajo in itinere, de los cuales han sido graves 10 y mortales 1.  Como decimos,  no es que antes del 1 de enero no se produjeran este tipo de accidentes, sino que a pesar de producirse no podían calificarse como tales y se consideraban en las estadísticas como enfermedades comunes o accidentes no laborales.

Estos datos arrojan un importante déficit preventivo en nuestro colectivo y desde que existe la cotización universal por contingencias profesionales ya podemos trazar una línea comparativa mensual y por sectores de actividad.

Si bien la tasa de siniestralidad de los trabajadores por cuenta propia parece ser más baja que la del resto de trabajadores en activo, no es menos cierto que a medida que aumenta el conocimiento de esta nueva cobertura del sistema entre los autónomos, incrementa también el número de trabajadores por cuenta propia que acuden a su mutua de accidentes en caso de verse afectados.

Ante esta situación, para UPTA Andalucía es necesario que comencemos cuanto antes a mejorar la prevención de los riesgos laborales que sufren los autónomos, y por ello instamos a las Administraciones, cada una en su ámbito de competencias, a que se desarrollen planes globales de fomento de la cultura preventiva específicos para trabajadores y trabajadoras autónomos, ya que son inasumibles los datos de siniestralidad de algunos sectores de actividad de nuestro colectivo. En este sentido, la construcción, el transporte y los servicios de reparación son sin duda los más castigados, pero comienzan también a destacar otros sectores como los de los profesionales de la estética y los servicios generales a la ciudadanía, que por diferentes motivos comienzan a presentar unas tasas excesivamente elevadas de incapacidades temporales derivadas del desarrollo de su actividad.

La precariedad en el mundo del trabajo autónomo, la excesiva competitividad a la que están siendo sometidos y los factores psicológicos adversos son algunas de las causas más comunes entre los que han padecido un accidente de trabajo en la denominada jornada laboral del autónomo, que en muchísimas ocasiones es de 5 horas más que las de un trabajador por cuenta ajena, son sólo alguna de las causas que provocan esta situación.

Los trabajadores y trabajadoras autónomos por fin podemos ejercer en toda su extensión nuestro derecho a la salud, que es un derecho fundamental, y que nos era vetado en determinados aspectos por la particularidad en el sistema de cotización de nuestro Régimen de Seguridad Social.