Su situación personal cambió radicalmente en 2011. Entonces, tras haber estudiado empresariales y obtenido un máster en Dirección bancaria, dejó su trabajo en la banca para regresar a Córdoba. Sus padres le ofrecieron trabajar en la empresa familiar, una granja de pollos, pero María José Pérez creía que debía hacer las cosas de otra forma: “Ellos llevan muchos años de autónomo, con otra mentalidad… Y yo quería seguir otra línea”. Así que, “para no molestarles pero poder seguir mi camino, decidí hacerme autónoma, lanzar mi propia marca, mi empresa. Le ahorro trabajo a mi padre y le compro su producción de huevos”.

De este modo nació La Granja de Pepa. Tiene sus propios clientes, no le hace competencia a su padre, pese a que el producto es el mismo: los huevos de la granja familiar. Con el único inconveniente de que gana un poco menos porque el beneficio debe repartirlo entre los dos. “Era la oportunidad para lanzar una línea nueva”.

María José tenía muy claro su proyecto: “Yo quería algo nuevo, algo fresco. Por una parte, quería ofrecer al supermercado todo tipo de huevos: camperos, de codorniz, ecológicos… bajo una misma marca”. Y sus amigas lo bautizaron.

Así, frente a la línea tradicional de Avícola San José, surgió esta nueva con una marca diferenciada, colores, distinguiendo el producto. María José Pérez se adelantaba a la nueva normativa europea que prohíbe tener a la gallina en jaula. “Esta era mi oportunidad, ofrecer ya a la gente lo que va a venir”, a lo que le ayudaba ser miembro de la Asociación de Productores de Huevos Camperos, de la que llegó a ser presidenta. Y en poco más de dos años puede afirmar con orgullo que le va “muy bien”.

Las claves de su éxito: el marketing y un buen producto. “Una marca que entre por los ojos” y una buena gestión de las redes sociales, con sorteos que atraigan a la gente, transparente (“pongo continuamente fotos de la granja, de los pollos, para que todo el mundo vea de dónde vienen los huevos que vendo”), liberándose de “muchas creencias limitantes”. Y, de otra parte, tres características fundamentales que distinguen los huevos de La Granja de Pepa: la frescura, que no tenga rotura (“da mucho coraje encontrarte un huevo roto”) y la calidad.

Sus clientes son los de los supermercados y hostelería, “restaurantes importantes que valoran el buen producto”, porque la calidad del huevo viene dada por la vida que lleven los pollos, de modo que si no están estresados, por ejemplo, los huevos son más grandes; la gallina ovula convenientemente.

María José se encarga personalmente de la comercialización del producto, del trato personal con los clientes. Y tiene contratada a una persona que se encarga del reparto. Además, tiene en proyecto pasar de la nave actual, en la que tiene 3.000 gallinas, a otra en la que irán 5.000 más, ajustada a los cánones que marca la Unión Europea.

Ganadora de la III edición de los Premio Coraje 2018 en la modalidad del Premio Coraje del autónomo de la provincia de Córdoba, que concede UPTA Andalucía y subvencionado por la Consejería de Presidencia, Administración Local y Memoria Democrática de la Junta de Andalucía en colaboración con la Diputación de Córdoba, María José Pérez vive su emprendimiento como un “reto”, siempre ajustándose a lo que tiene, sin buscar ayudas de la Administración. “Los negocios que salen bien son lo que se hacen a base de trabajo”, afirma rotundamente, pese a las dificultades que se ha encontrado por ser mujer.