Upta Andalucia - Los autónomos económicamente dependientes, frente a la figura del falso autónomo

Los autónomos económicamente dependientes, frente a la figura del falso autónomo

Los trabajadores y trabajadoras autónomos económicamente dependientes (TRADES) representan una figura intermedia entre la relación laboral y el trabajo autónomo, creada para otorgar mayor protección a aquellos autónomos y autónomas que trabajan prácticamente en exclusiva para un solo cliente. En el lado opuesto, se encuentra el término de falso autónomo, el cual se ha popularizado con gran celeridad en el mercado de trabajo en los últimos años propiciado por la crisis económica y que se trata de una forma de trabajo ilícita.

Los trabajadores y trabajadoras autónomos económicamente dependientes siguen siendo trabajadores autónomos, aunque con un nivel de protección superior siempre y cuando estén legalmente reconocidos (‘Trabajadores Autónomos Económicamente Dependientes’, por la Ley 20/2007 de 11 de julio, Estatuto del Trabajo Autónomo). Así, El TRADE es aquel que realiza su actividad económica o profesional para una empresa o cliente del que percibe, como mínimo, el 75% del total de sus ingresos.

Además, el TRADE presenta algunas características frente a la figura del trabajador o trabajadora autónomos: como el no tener trabajadores a su cargo por cuenta ajena (salvo en determinados casos y por motivos de conciliación), ni contratar o subcontratar parte o toda la actividad con terceros; no ejecutar su actividad de manera indiferenciada con los trabajadores que presten servicios bajo cualquier modalidad de contratación laboral por cuenta del cliente; descanso de 18 días hábiles por año (no remunerados), y percibir una contraprestación económica en función del resultado de su actividad, de acuerdo con lo pactado con el cliente y asumiendo el riesgo y ventura de aquella.

De igual forma, los titulares de establecimientos o locales comerciales e industriales y de oficinas y despachos abiertos al público, y los profesionales que ejerzan su profesión con otros en régimen societario o bajo cualquier otra forma admitida en derecho, no tendrán en ningún caso la consideración de trabajadores autónomos económicamente dependientes.

A pesar de ser una figura jurídica definida y reconocida por la ley, la figura del TRADE navega aún en un desconocimiento social sobre sus funciones y sus derechos, y esta situación se ha visto agravada debido a la popularización en el mercado de trabajo, sobre todo en la última década, del término de falso autónomo.

La práctica del ‘falso autónomo’ se ha visto propiciada por la crisis económica, la cual ha generado el clima perfecto para que este hábito completamente ilegal, cobre protagonismo y se ejerza con total naturalidad entre los trabajadores, y de lugar a confusión entre éste término y el de trabajador y trabajadora autónomos económicamente dependientes.

Esto es, la artimaña de algunos empresarios para poder aplicar el despido libre y de paso ahorrarse los costes a pagar por sus trabajadores en la Seguridad Social, obligando al trabajador a darse de alta en el régimen especial de trabajadores autónomos.

Así, el trabajador sufre una desprotección que se traduce en: ausencia de vacaciones y/o días de asuntos propios, privación de los derechos asociados a convenios, y el trabajador, en la mayoría de los casos, tendrá que cargar con la retención de la Seguridad Social. Quedando además totalmente desprotegido ante la decisión del jefe que podrá despedirle de forma fulminante, sin presentar justificación alguna y por supuesto sin pagar ningún finiquito.

Aunque la pérdida de los derechos del trabajador en beneficio de un tercero pueda dar lugar a suponer que se verá recompensando con una retribución superior, muchas veces implica todo lo contrario, al aprovecharse el empresario de la carencia de trabajo y los niveles de paro actuales.

El artículo 11.1 de la Ley 20/2007, de 11 de Julio, del Estatuto del trabajador autónomo, establece que serán autónomos "las personas físicas que realicen de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona, una actividad económica o profesional a título lucrativo, den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena".

Por tanto, si se hace una lectura rápida del artículo citado, podemos deducir que los elementos que determinan si nos encontramos ante un autónomo o un trabajador por cuenta ajena, son la realización del trabajo por "cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona".

Igualmente el Tribunal Supremo estableció unos criterios básicos, recogidos en el artículo 1 del Estatuto de los Trabajadores, que en caso de cumplirse demuestran la relación de dependencia laboral entre el trabajador y el empresario:

• Ajenidad en el mercado. Es decir, los clientes contratan directamente con la empresa y no con el trabajador.

Ajenidad en los medios de producción. El material e instalaciones con que desempeña su labor el trabajador no son de su propiedad sino de la empresa. No obstante, hay casos en los que el empresario o empleador no facilita su material ni instalaciones al trabajador.

• Dependencia o ajenidad respecto de la propia actividad profesional. El trabajo se realiza conforme a las órdenes del empresario o empleador.

• Ajenidad en los frutos y en la utilidad empresarial. Determina la pertenencia originaria de los resultados del trabajo al empleador. Es decir, el producto del trabajo realizado y la utilidad patrimonial derivada del mismo ingresa directamente en el patrimonio de la empresa y no del trabajador, quien recibirá un salario.

• Ajenidad en los riesgos. El trabajador recibe un salario independientemente de que la empresa o empleador obtenga finalmente el beneficio o lucro perseguido o no lo obtenga.

• Ajenidad respecto a la organización de la propia prestación laboral. El trabajador no ofrece directamente el producto de su trabajo a los clientes, sino a la empresa o empleador que es quien hace llegar ese producto o servicio a dicha audiencia, al mercado.

Asimismo, a modo de síntesis cabe destacar que el falso autónomo se trata de un fraude de ley y como tal está sancionado en nuestra legislación con multas de entre 626 y 6250 euros. Son relaciones laborales encubiertas que hacen que el trabajador se vea privado de la cobertura social y los derechos que otorga el Régimen General.

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